El mundo sigue girando...
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Haití, entre los escombros |
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El martes 12 de enero un terremoto de siete grados en la escala de Richter sacudió Haití. Este terremoto se cuenta como el más grande en 200 años. El sismo destruyó más de cuatro mil edificios solo en la capital (Puerto Príncipe), entre ellos la casa presidencial y la cede de las Naciones Unidas. El 90% de las casas fueron reducidas a escombros.
La Cruz Roja anunció que murieron entre 45.000 y 50.000 personas. Sin embargo los sobrevivientes no están a salvo, deben enfrentar la falta de alimentos y agua potable. Se habla de tres millones de personas directamente afectada. Eso equivale a la tercera parte de la población de Haití. El cuadro es triste y aterrador. Los corresponsales hablan de miles de personas sentadas entre los cadáveres, del olor a muerto, de hospitales saturados y de la lucha violenta por comida y agua en los centros de atención.
Testimonio de Myrian Lawson
Misionera de Hope for the Hungry. (Puerto Príncipe)
Las misiones han quedado sin suministros. Muchos de los misioneros en Puerto Príncipe sufrieron severas heridas; a gran parte le han hecho amputaciones de piernas o brazos.
El ochenta por ciento de las precarias casas fue destruido. La ayuda no llega rápido, mucha gente que ha recibido heridas está muriendo porque no recibe la asistencia que debe. Muchas personas ya hace tres días que no comen porque no llegan las ayudas internacionales.
Uno de los problemas más serios es el agua: tienen problemas siempre por la calidad, pero con el terremoto la situación ha empeorado aún más, por lo que se está esperando que en estos días llegue un purificador de agua.
Un grupo de personas se reunieron en el techo de un edificio a orar juntos por la situación. En el momento en el que estaban orando se produce un réplica y todo el edificio se derrumbó pero el techo permaneció intacto. Fue descendiendo a medida que se derrumbaba el edificio pero sin quebrarse, lo que permitió que milagrosamente nadie saliera herido. Testigos y los mismos protagonistas afirman que parecía como si el techo estuviera haciendo surf en medio del derrumbe.
(CIMA ÑUS - Nº1 / 16 de enero de 2010)
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